Niño Sentado J.Esteban
No espera.
Tiene ojos de lince, son verdes y dulces como de lago tranquilo, sus cejas son pobladas, sus rasgos intensos. Tiene mirada de niño viejo. Va limpio. Está solo en esta inmensa terminal tan moderna y modernista. No lleva equipaje, ni mochila. Tendrá unos 12 o 13 años, esa edad indefinida entre niño y adolescente. Sentado con cierta displicencia en la postura y permanece atento.
No espera.
Mira con ojos curiosos y tristes, a un lado a otro, examina a cada viajero que pasa. No busca, parece dejar pasar los minutos. Puede que no tenga donde ir. Puede.
No espera.
Ahora su mirada se ha vuelto de hombre viejo al verla pasar tan joven, tan estirada, tan digna, tirando de su maleta de diseño. La sigue con los ojos como si la oliera, acompaña sus pasos siguiendo el halo de su vestido blanco, disfrutándola al pasar con una sonrisa pequeña, acortada por sus pensamientos.
No espera.
Fija ahora la vista en la mesa de al lado, en una niña somnolienta, de su edad tal vez, receloso, con el ceño fruncido la ver juguetear con el móvil rosa “chicle” mientras la escucha contestar con monosílabos a su madre. La mira, bosteza, la vuelve a mirar. Se despereza.
No espera.
Y se vuelve a perder en las miradas a la gente, sin moverse del asiento, dejándose llevar por sus estelas, en sus maletas. Se va con cada uno de ellos, a sus destinos, a sus casas, con sus familias. Sentado en esa moderna terminal, minuto tras minuto viendo las vidas de los demás pasar.
No espera.
Barajas T4 - 20.07.2006